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No es difícil relacionar la ciudad de Valladolid con la tradición vinícola, no sólo en las tierras aledañas, sino en la propia capital.
Con la reconquista, s. XI detrás de los señores nobles y sus ejércitos, llegaba el clero y establecían sus monasterios. El papel de las comunidades religiosas fue muy importante en la repoblación y cultura de los viñedos, no hay que olvidar que el Vino era necesario para los ritos de la iglesia.
En Valladolid, los monasterios son numerosos y son de los pocos vestigios históricos que aún perviven en la ciudad. Éstos tenían el privilegio de poder tener sus propias bodegas y no estaban obligados a pagar los altos aranceles existentes por introducir en la ciudad sus propios vinos, algo obligatorio para el resto de elaboradores. Las bodegas más grandes e importantes de la época eran las que tenían el monasterio de San Benito, el de San Pablo y el Colegio de Santa Cruz.
Pero la producción vinícola no era exclusiva de los religiosos, el consumo de vino entre los laicos era una costumbre muy arraigada, que en una época en la que la gente no podía comprar mucha carne porque era cara, el vino era un aporte calórico importante en su dieta.
En torno al 1596, cuando Valladolid adquiere el rango de ciudad, el comercio era su principal actividad económica y tanto esta actividad comercial como la productiva se regulaba a través de los gremios. A finales del s. XVIII, la ciudad cuenta con 44 gremios menores y 5 gremios mayores. Estos gremios son lso que reglamentaban todos los aspectos productivos y sociales de cada profesión, procurando mantener su monopolio. Dentro de estos gremios el encargado de todos los asuntos del vino era el gremio “Herederos de Viñas”.
Existían además, otros edificios relacionados con el vino y la gastronomía, tales como el de botero (encargado de elaborar las botas o pellejos para almacenar el vino) o en los mesones, figones y posadas, donde se procuraba al viajero alojamiento, comida y bebida.
Los gremios procuraban concentrar por barrios los diversos oficios y esta costumbre, se ha podido constatar en la actualidad gracias al hecho de que algunas calles de la ciudad mantienen el nombre del gremio al que pertenecían. En otros casos, la tradición de oficio perdura en la actualidad, es el ejemplo de distintas zonas de mesones y las tabernas.
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